lunes, 28 de noviembre de 2011

BROMAS APARTE - Cap 1 (Parte 2)

Un par de horas más tarde sonó el timbre del recreo y toda la clase salió en desbandada dejando a Julio, el profesor que daba Matemáticas Aplicadas, con la palabra en la boca. Nada más salir al patio inhalé el aire fresco del otoño y salí pitando para el campo de fútbol.

-¡Eh, Adri! -me saludó Oliver. Me chocó la mano con aire de colegueo y me puso un brazo por encima del hombro-. ¿Te apuntas? Somos impares y aquí nuestro amigo Dani ha pedido guerra.

Miré al mencionado, que era el alero derecho del equipo de fútbol, el cual estaba dando unos toques al balón y sonrió cuando reparó en mí. Estaba acompañado por Jorge, Andrés, Teo (que se llamaba Esteban, Dios sabía porqué), Rodrigo y Alberto. Era el típico partido de todos los descansos, tradición creada para descargar frustración porque no te salían las derivadas, porque te habían pillado durmiendo en Biología o porque querías enseñar palmito. Sonreí.

-Por supuesto, tío. ¡Vamos a darles una paliza!

No es por fardar pero gracias a que yo estaba allí, ganamos por 4-2. Qué decir, pocas cosas se me dan tan bien como los deportes; fútbol, baloncesto, carreras... cuando jugaba al pingpon me cargaba las bolas pero si dejábamos ese pequeño bache de lado, mi expediente estaba perfecto.

-¡Venga, Adri, machácales el trasero! -se oía de vez en cuando a María, que nos vitoreaba desde las gradas. Nunca se acercaría a un balón pero le emocionaba vernos jugar, y ay de nosotros como no ganásemos cuando tocaba.

A la vuelta a clase la agarré por detrás de improviso, haciendo que saltara como una rana a la que han pinchado con un palo.

-¡Joder, Adri! ¡Me has pegado un susto de muerte!

-Venganza, mi queridísima María, venganza. Ese codazo en clase dolió mucho pero que mucho, ¿sabes?

-Deberías agradecerme que te lo diera -replicó ella ignorando el hecho de que la tenía agarrada todavía y apenas podíamos avanzar dos pasos entre la marea humana-. Si no lo hubiera hecho ahora estarías castigado.

-Ya, bueno, eso es verdad -ya podía dar gracias de que el gafas no castigara a la primera, también.

-¿Y? ¿Qué vas a hacer? Porque está claro que no vas a conseguir llegar a tiempo todos los días que él de clase.

-Argh -me había olvidado de aquél problema durante el partido. Gracias María por sacarlo a colación-. Mierda. ¿Qué puedo hacer? Llegar pronto no es precisamente lo mío...

-No es que no sea precisamente lo tuyo. Es que no es lo tuyo, punto -rió ella.

-Ya, sí, muy gracioso, carcajeante. Any idea?

-Ninguna en absoluto, si quieres que te sea sincera.

La miré con cara de pasmo absoluto. María, mi María, que siempre me sacaba de los líos, no tenía idea sobre cómo ayudarme. Estaba perdido. El resto del camino lo hice con la cabeza en las nubes, tratando de idear alguna manera en que pudiera llegar a clase lunes, martes y jueves. Pero para cuando llegó la hora del receso final, la hora de la libertad para el resto de los mortales, yo todavía no había conseguido que se me ocurriese nada y me sentía patético. Pero patético de verdad.

Cuando llegué a casa Ana ya me estaba esperando con cara de “come rápido que nos vamos al parque” y se llevó una decepción cuando le dije que tenía que esperarse a que hiciera los deberes. Hinchó los carrillos y volvió a plantar su pequeño trasero con falda en el sillón, donde estaba viendo Lazy Town. Algo que nunca me explicaría como podía gustarle a alguien. Tras pegarle de cabezazos a las derivadas y llamar un par de veces a María -en realidad llamé tres pero a la tercera tenía el móvil apagado y estoy totalmente seguro de que lo hizo aposta-, acabé los deberes y cogí a la trasto para irnos al parque. Como siempre, aquello estaba lleno de marujas a más no poder y de críos, así que me llevé los cascos y el mp3 y estuve ausente la mayor parte del tiempo. Finalmente, Ana se acabó cansando de hacer pollitos de una manera que yo todavía no había averiguado y me dijo que nos fuéramos a casa. La cogí de la mano y andamos hasta la esquina, donde al girar me choqué con alguien.

-Arg, tío, mira por dónde vas -dije sacudiendo la cabeza y tratando de enfocar los ojos. Cuando lo conseguí, se me revolvieron las tripas-. Vaya, profesor, qué sorpresa verle por aquí.

¿Qué cojones hacía aquí este hombre? Luis se recolocó las gafas y me miró con sorna.

-Iba de camino al supermercado, querido alumno -odio que se carcajeen de mí, ¿lo he dicho ya?-. Acabo de salir de casa.

-Pues no lo había visto nunca por el barrio -dije, tratando de aparentar un tono casual y amable.

-Eso es porque me acabo de mudar -dijo él. Se giró y señaló uno de los edificios que me quedaban en frente, con un portalito muy resultón, que tenía unas seis o siete plantas. Qué cuco.

-Ah... -fue todo lo que pude decir. No sabía qué me asustaba más, que el gafas viviese cerca de mi casa o la posibilidad de cruzármelo por la calle en el momento menos esperado (como hoy).

-Hermanito.

Ana, que había pasado toda la conversación callada, me tiraba de la manga con impaciencia.

-Hermanito, tengo hambre.

Claro, normal. Habíamos estado allí sus buenas dos horas y Ana todavía no había merendado. Parecía una enana pero era una zampabollos compulsiva, sobre todo de los que tenían chocolate como relleno. Ay, cómo se parecía a su hermano.

-Claro, canija. Ahora nos vamos a casa, no te preocupes -le dije con tono dulce.

-¿Esta es tu hermana? Es muy guapa -dijo Luis metiéndose en la conversación y sonriendo a Ana.

Al principio ella lo miró con los ojos muy abiertos pero luego sonrió muy orgullosa de sí misma con las mejillas sonrosadas y yo contuve una mueca. Encima, mujeriego, aunque con la apariencia que tenía no me extrañaba demasiado. Lo raro era que no hubiera visto a las chicas de clase babear sobre el escritorio. Que también podía ser que no hubiera prestado demasiada atención. Tendía que acordarme de fijarme al día siguiente.

-Sí, se llama Ana -dije, sintiéndome un poco estúpido por el tono de madre orgullosa con el que lo decía. Carraspeé-. Bueno, profesor, nos tenemos que ir. Nos veremos, eh... mañana.

Luis asintió.

-No te olvides de llegar a la hora o tendré que castigarte.

-Sí, claro... -dije automáticamente. Ya.

Lo vi alejarse en dirección al supermercado más cercano, tratando de pensar una excusa por la que al día siguiente no me castigaran por llegar tarde. Ana me miró con los ojos brillantes cuando empezamos a andar y Luis desapareció detrás de una esquina.

-¡Hermanito! ¡Hermanito! ¿Quién era ese hombre? ¿Tu profesor? ¡Es muy guapo! -dijo toda emocionada y casi trabándose con las palabras.

-Esto... sí, es mi profesor. Sí, es nuevo -respondí yo con medio monosílabos.

-¡Ahhh! -soltó con adoración.

Todo el camino de vuelta a casa, todo el camino, Ana estuvo como en las nubes pensando en Luis y a mí me sirvió de entretenimiento para picarla. Ella se defendía de mis insinuaciones sobre su comportamiento de “princesita de cuento” argumentando que con cinco años ya era mayor y que debía buscarse un novio. Jesús, por encima de mi cadáver, pensé. Al final llegamos a casa, donde le preparé un vaso de leche con colacao y nos sentamos juntos a ver lo que estaban echando en la tele.

3 comentarios:

Xnti Martínez dijo...

Ai, leches, que no te he comentado :_D

Bueno, ya te lo comenté por twitter pero...¡que grande tu descripción de porque la creación del partidillo de futbol a media mañana! jajaja es genial, me ha encantado lo de "enseñar palmito".
Adri me encanta, es adorable con su hermana, me apasionan los chicos que son tan "papá" con sus hermanos menores y los llevan al parque y todo eso. Y Ana es adorable *////* se ha enamorado del profesor ¿eh? estas niñas...que pronto empiezan x///D

Ains, quiero saber como se las apañará para llegar a tiempo a las clases, aunque he de admitir que ese "Llega a tu hora o tendré que castigarte" suena tan jodidamente pornográfico que dan ganas de que llegue tarde ejejeje u/////u

<3 chuu

Chandria dijo...

Mira tú por dónde yo no le había visto la posible connotación sexual a lo del castigo (y ahora no puedo dejar de pensar en ello xD). Que le castigue, que le castigue!
Que encima si es uno de esos de pasar más tiempo con el profesor... a lo mejor terminan haciendo buenas migas y... (ok, es mi mente perturbada por el yaoi xD).
En fin, no sé hasta cuánto subirás de Bromas aparte pero sin duda nos dejarás con la intriga ahí de saber qué pasará. Um... tú quieres que compremos el libro, verdad? :P

Aqua Äre dijo...

He procurado pensar en todo momento como un adolescente hormonado, o mínimamente hormonado, Yuta xD Yo me veo a Ana súper contenta porque ha conocido a su príncipe de ensueño y ahí lo tiene, a dos patadas, viviendo en su mismo barrio y encima es profesor de su hermano. El deseo de toda una vida concedido, vaya xD
Puto Yuta, porno! Porno! Ves porno por todas partes, maldito! XDDDDDDDDDDDDDDDD

Pues mira que me parece raro que no se la vieras, Chan XD Tú, precisamente tú xD Yaoi, yaoi! xD
Pues mira, en eso te equivocas. Mi plan es subirla entera, enterita entera, sin dejarme nada en el tintero. Y en el caso de que la consiguiera publicar la borraría del Foro de Laura pero por aquí la dejaría intacta, imagino. Después de todo, nadie lee mi blog, o al menos nadie más que vosotros dos y una amiga mía xD
Aunque me haría ilu que si saco libro me lo comprarais, os lo firmaría y todo :33 (Privilegios de conocer a la autora xD)